domingo, 18 de noviembre de 2012


En busca de un nuevo presente, para olvidar a un pasado
No es decisión de algunos irse de la tierra que los vio  nacer, crecer y que les regaló tantas experiencias y enseñanzas; a un lugar totalmente diferente,  donde el aire parece  pedir un baño por lo sucio que se siente, donde en vez de hierba se ve  pavimento y donde en vez de árboles firmes y coloridos, hay grandes edificios  de formas geométricas que marean.
 Esa salida del  paraíso del que vienen esas personas  no es por gusto propio, es consecuencia de sujetos que creen parecerse a ese dios que desplazó a Adán y Eva del Paraíso porque  cometieron un pecado. Pero en esta ocasión  no fueron Adán ni Eva,  pero si personas que fueron desplazadas de su paraíso sin haber cometido  pecado alguno.
Oscar Cano Ortega, una persona humilde proveniente del Bagre, municipio de Antioquia, con ahora 42 años de edad, relata su historia desde la salida de su pueblo, hasta la llegada a “la gran ciudad”. 
Así comienza la historia de un hombre que en el año de 1988 con tan solo 18 años de edad “mayoría de edad en la republica de Colombia”, decide viajar a “la gran ciudad” como le llama Oscar  a  Medellín, Antioquía, para alejarse de la violencia que por esos tiempos sacudía su “paraíso”.
En una noche fría de mayo, cuando el viento golpeaba los grandes árboles haciéndolos zarandearse   de un lado para otro, ocasionando grandes ruidos y dando la impresión de que iba a caer una gran tormenta, en la casa de Oscar todos corrían a guardar los animales y la ropa que estaba en el tendedero. Las hermanas de Oscar: María y Sofía, jugaban con el viento,  mientras éste les alzaba las faldas. Mientras tanto Oscar, un muchacho pensativo, callado y tímido, las observaba desde la terraza de la casa y se reía de ellas y de las bobadas que hacían. Oscar amaba a sus hermanas tanto como a su madre; su padre había muerto hacía varios años y él había quedado como el hombre de la casa.
Esa noche empezó a llover muy fuerte y Oscar llamó a sus hermanas para que no se resfriaran. Las niñas entraron y cerraron todas las puertas, para que el viento no tumbara las cosas de la casa. Se hicieron las 9 p.m. aproximadamente y la madre de Oscar les pide a sus hermanas y a él irse a dormir. Oscar y sus hermanas salen corriendo hacia un cuarto pequeño y cercado de tablas, a pelearse por la cama donde no caían goteras. Como siempre, Oscar se quedaba con la cama donde no caía gotera  y las dos hermanas en la cama de las goteras, pero estas dos chiquillas resignadas a que siempre Oscar ganara,  se iban al cuarto de su madre a dormir con ella y dejaban a Oscar solo en el cuento, cosa que a él no le gustaba. 
Se hicieron las 12 a.m. aproximadamente y Oscar en la cama revolcándose y pensando como siempre en cómo iba  conseguir la plata para el colegio de sus hermanas y los demás gastos de la casa. Después de un rato, Oscar estaba consiguiendo quedarse dormido cuando de repente escucha muchas voces y botas saltando por los charcos en medio de la lluvia. Oscar se levanta muy despacio y mira por una pequeña hendija que estaba entre dos tablas a lado de su cama, mira hacia el patio y ve unos hombres muy grandes y vestidos de verde, con unas grandes armas negras.
Oscar sale corriendo al cuarto de su madre en busca de ella y sus hermanas, cuando escucha unos disparos. Oscar llega hasta el cuarto y se encuentra con una gran sorpresa;  su madre y sus hermanas estaban muertas. Oscar escucha que vienen hacia él y se lanza  por la ventana del cuarto de su madre y empieza a correr por el potrero detrás de su casa.
Corre toda la madrugada por el potrero y cuando son las 4 a.m. aproximadamente, llega a una casa, en la cual entra y se encuentra con un par de ancianos y les pide ayuda. Los ancianos lo llevan hacia el baño a que se quite el barro y le prestan ropa y le hacen una aromática para que se calme y deje de temblar. Después de unas horas, Oscar le relata lo que había sucedido en su casa, los ancianos lo miran y después  lo abrazan.
Oscar se quedó en la casa de los ancianos ayudando en las cosas de la casa y trabajando en los cultivos. Él no volvió a ir a su casa y se propuso olvidar todo lo que había pasado; después de una gran búsqueda, para conocer los culpables de la muerte de su madre y de sus hermanas, llegando a la resignación por no encontrar resultados de la búsqueda. “Yo fui a la Alcaldía, hablé con los campesinos cercanos a mi casa y nadie me decía nada, todos hacían como sino hubiese pasado nada, solo me decían que no buscara mas, que eso era ganarme problemas.”
Después de un año y medio aproximadamente, Oscar decide viajar Medellín, Antioquia, “la gran ciudad” como le decían los ancianos a Medellín y como Oscar también le  comenzó a decir, se trasladó por vía terrestre y cuando iba llegando a Medellín, por medio de el vidrio del carro donde se transportaba, ve maravillado esta ciudad llena de edificios grandes y grises,  carreteras pavimentadas y muchos carros, como dice él “como todo montañero me quedé muy sorprendido con lo grande que era esta ciudad y el montón de carros que había.”
Busca ayuda por parte del Gobierno, afirmando ser desplazado de sus tierras por grupos alzados en armas; a  lo que respondieron “tiene que tener una carta que diga que usted si es desplazado y esa carta se la dan allá en su pueblo”, afirma Oscar que le dijeron las entidades a la cual él acudió. Además, Oscar agrega diciendo “me parece injusto que uno vaya pidiendo ayuda y le salgan con que hay que tener una carta, viendo que uno sale es volao de allá y que no quiero volver.”
 Después, Oscar se hospedó donde una tía lejana, que había contactado por una señora que conocía a su mamá. Él  empieza a buscar trabajo en la ciudad, cosa que se le dificultaba, porque era muy joven y solo había llegado hasta cuarto  de primaria, además,  en esa época salir por las calles de Medellín no era seguro; para esos tiempos se estaba  viviendo una fuerte  guerra del narcotráfico y del Estado, donde el mayor protagonismo lo tuvo el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, quien empezó atacar a la población civil con bombas y grandes masacres, llegando así a sembrar terror en los habitantes de Medellín.  
Oscar encuentra trabajo como albañil y dura un tiempo en este oficio, donde logró conseguir amigos y a su esposa. Después se retiró de la albañilería y se propone montar un “chancita” para reparar zapatos, encontrando en este oficio una gran fascinación por el diseño de zapatos. Oscar empieza a interesarse por la zapatería y comienza a leer libros sobre el arte de hacer zapatos para aprender las técnicas  por él mismo. “A mí nadie me enseño, yo todo lo aprendí solo leyendo libros que me prestaban de zapatería y con ellos fui puliendo mi técnica.”
Oscar tiene su “chancita” en el barrio Robledo Palenque hace 10 años, donde han ido varias empresas de zapatos a contratarlo para que les haga diseños que él ve en catálogos. “Yo veo siempre los catálogos de Colombiamoda y saco los diseños de ahí y los hago iguales, así los pelaos que vienen de  esas grades empresas  ven los zapatos y me siguen comprando.”
La rutina diaria de Oscar es levantarse todos los días a las 4 de la mañana, para que a las 6 de la mañana esté listo para ir a atender  su negocio, con gran alegría y entusiasmo; como lo afirma su esposa Natalia Zuleta Osorio “él se a todos los días contento para su trabajo, yo a veces le voy a ayudar. Oscar es un hombre que a la primera impresión da a entender que es  alguien muy serio y malgeniado, pero por lo contrario es una persona muy cariñosa y servicial.”
Oscar, a pesar de todo lo que tuvo que pasar en su juventud, ahora se siente feliz con su familia, su esposa y sus dos hijos. Él dice: “no soy rico, pero tengo una familia maravillosa, amigos  y lo necesario para poder vivir bien. Esta ciudad que aunque al principio de mi llegada no me generó confianza, porque se estaba viviendo la misma violencia de la cual yo estaba huyendo y por la cual el Gobierno no me brindó ayuda de inmediato, a lo largo de los años ha hecho de mí un buen hombre.”
Oscar sigue siendo una persona humilde, que a pesar de tener un gran talento para la zapatería y contratos para trabajar en grandes empresas de zapatos,  sigue en su “chancita”, afirmando que no la deja, porque gracias a ella, él tiene un sustento y que las empresas pueden ser muy inestables y él no quiere perder su “gallinita de  los huevos de oro.”
Como Oscar, son miles los colombinos que sufren la violencia y las continuas guerras del estado y de los entes no gubernamentales. Dos elites que se pelean por conseguir el poder de un territorio, en este caso el territorio Colombino.
Solo en Medellín, según la Alcaldía, 22.586 personas aprox, es decir el 26.1% que se ha desplazado en los últimos años a la ciudad de Medellín, por situaciones de violencia entre grupos armados. 


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